Leyendas cortas aterradoras la bodega


Un hombre que se encontraba explorando el bosque, llegó a un punto del camino en el que halló la senda de un río, sólo que este estaba completamente seco, por lo que pudo cruzar al otro lado sin mayores inconvenientes.

Continuó caminando hacia el norte por un par de horas más hasta que arribó a una zona en la que había varias construcciones abandonadas. De inmediato llamó su atención una especie de bodega edificada completamente en piedra. Su puerta era de metal y además tenía una larga cadena y un grueso candado en el cerrojo.

Al observar eso, el sujeto sacó de su mochila un soplete y empezó a fundir el metal hasta que éste finalmente cedió.

Ingresó a la bodega, y vio que en ella solamente había grandes frascos de vidrio con sustancias extrañas en su interior. Algunas de ellas parecían conservas, en tanto que otras se asemejaban a jaleas de frutas.

El explorador pensó que aquella era la bodega de un chef que probablemente se había retirado al campo a pasar los últimos años de su vida. Sin embargo, al abrir uno de esos tarros, se percató de que aquella sustancia gelatinosa no era otra cosa que masa encefálica convertida en puré.

De inmediato, un escalofrío recorrió su cuerpo pues inmediatamente recordó que en esa zona la gente acostumbraba relatar leyendas cortas aterradoras sobre un ermitaño que mataba a la gente que llegaba a sus dominios.

En eso estaba cuando de momento escuchó que alguien más entraba a la bodega. Era el dueño de la misma quien estaba acompañado de un hacha afilada. Los gritos de aquel curioso explorador retomaron por todos los recovecos del bosque, no obstante, nadie corrió para ayudarlo, pues los individuos que estaban más próximos, se ubicaban aproximadamente a unos 10 km de distancia.

Seguramente ahora parte de su cuerpo descansa en una de las repisas de esa bodega macabra.